Tras completar nuestro servicio misionero, decidimos embarcarnos en una serie de viajes inspiradores. Cada uno de ellos era una oportunidad única para sumergirnos en nuevas culturas, conocer gente increíble y disfrutar de la belleza de la naturaleza. Era importante no sólo relajarnos, sino también fortalecer amistades compartiendo experiencias y descubriendo nuevas facetas de nuestra unidad. Queríamos experimentar la libertad de explorar, aprender cosas nuevas y volver con un sentimiento de gratitud por la experiencia vivida.
Estos viajes podían ser muy diferentes: desde unas relajantes vacaciones junto al mar hasta activas excursiones por la montaña o emocionantes viajes a lugares históricos. Independientemente del destino, cada aventura nos llenó de alegría, nos llenó de energía y nos recordó lo importante que es apreciar cada momento de la vida.